Qué ridícula que soy, por dios. Cada día me sorprenden más mi estupidez, mi credulidad, mis fantasías infantiles, sacadas de cuentos que jamás leí, mi ingenuidad, que sobrepasa todo límite imaginable, etcétera, etcétera (podría estar eternamente resaltando mis defectos)
Estoy en un momento crítico, tengo que despertar y salir, o caer y encerrarme para siempre. No hay otras opciones. Bueno, por supuesto que hay otras, una excelente, sublime, exquisita... pero no me siento capaz de alcanzarla.
En realidad, siento que no soy capaz de nada absolutamente. Ya ni siquiera puedo definir cómo me siento, qué quiero, adónde voy, quién soy. Creo que en el fondo me niego a encontrar respuestas. Qué hipocresía eso de "en el fondo", es muy en la superficie, realmente. Concientemente no quiero ser yo, quiero jugar todo el tiempo a ser otra, aunque, como es previsible, en algunos momentos se resquebraja el equilibrio imaginario que existe entre mis personajes y ese yo ineludible, y me siento así. Y se nota. Todos lo notan.
Y de repente me pierdo en senderos oscuros, donde las sombras te envuelven y los ruidos te ensordecen, y estás completamente aturdido por la gente que te rodea... y quedarte ahí como que un poco te seduce, vivir en la oscuridad, te tienta... Pero quizás en algún momento querés salir, y ya no podés.
Por otro lado, si elegís irte, salir de nuevo al mundo, ¿ qué hay ahí?
Nada. La nada misma, que se disuelve ante tus ojos, quitándote lo único que podés tener.
Entonces, cuál será el camino?
Definitivamente, esto es absurdo, pero es a la vez lógico, porque yo soy absurda.
sábado, 1 de septiembre de 2007
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario