miércoles, 19 de diciembre de 2007

Inalcanzable.

Qué misterioso que es para mi pequeño cuerpo el mundo de los placeres. A veces suelo pensar que a nadie en el planeta le acarree semejante preocupación e inquietudes. Pero esto es, desde luego, absolutamente imposible, debe de haber muchísima gente a la que le sucede lo mismo, o al menos, similar.
Pues bien, ¿qué será el placer? ¿Será acaso tan maravilloso como lo describen aquellos dichosos que pueden experimentarlo?
A menudo, desearía tanto disfrutar con lo que disfrutan todos, encontrarle el gusto a aquellas cosas mundanas que están social o naturalmente diseñadas para brindarnos placer. Anyway, evidentemente, tal situación se me continúa negando. La pregunta más lógica sería: ¿por qué? ¿Tan rara soy? (permítanme una pequeña ironía) De todos modos, no es momento de interrogantes sin respuesta, además, hay cosas peores por las que uno podría eventualmente quejarse.
Sin embargo ( no voy a ser de ninguna manera hipócrita), es una cuestión que me preocupa bastante.
"Preocupa". Ayy palabra odiada por mí si las hay. ¿De qué demonios sirve preocuparse por algo?? Hay que ocuparse, tomar las riendas, hacer algo. Y ese algo debe ser ya, ahora mismo, no existe el mañana. Eso lo sé por experiencia propia. Puedo asegurar que hoy quizás estás genial y mañana podés amanecer muerto.
Volviendo al tema que nos compete, anhelo con toda mi alma que haya alguna oportunidad para mí, algo por descubrir, que me haga sentir en carne propia las maravillas de las que todos hablan. Espero que algún día, en algún lugar, mi alma y mi cuerpo se abracen para darme esa oportunidad única. Porque allí reside el eje del dilema: me niego a aceptar que el cuerpo, la carne y sus necesidades, de las que reniego tan vehementemente, son una parte unívoca de mi Yo.
Crisis existencial, creo que le llaman.

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