En el amanecer de tus sonrisas
y el brillo de tus ojos,
con el calor de tus caricias
vivo el sueño más hermoso.
La suavidad de tus mejillas
y tu mirada imponente
me ponen de rodillas
y se dibujan en mi mente.
Estar con vos, entre tus brazos,
me otorga encantadora calidez.
Descansar sobre tu regazo
es lo que siempre quise con avidez.
Eres mi sueño y mi vigilia,
mi protector y consejero,
el guardián de mis reliquias,
con pasión y tanto esmero.
Nuestros cuerpos agitados
en el medio de la noche
expresan sin reparos
el amor que nos acoge.
Las estrellas nos observan
y la luna nos encandila
allí, en aquel desván
donde renace la fantasía.
La cura de mis males,
atento y cauteloso.
La inspiración de mis cantares,
ayer agónicos, hoy vigorosos.
Sin caer en lo vulgar y redundante
desde mis inquietos labios
hoy deseo pronunciarte:
te amo, navegante de mis lagos.
Desde el principio hasta el final,
si acaso ellos existen,
sos la luz del ventanal
de mi alma gris y triste.
Mi salvador, mi complemento,
el músico de mi orquesta.
El principio y fin de mis cuentos
y la calma de mi tormenta.
* Lo he titulado "Ajeno" porque sensaciones como las que intento transmitir son desconocidas para mí, no se me ocurría algún otro título adecuado.
miércoles, 23 de julio de 2008
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