martes, 22 de julio de 2008

Lunes 14/7/08

¿Y qué se supone que hay que hacer cuando el alma quiere escapar, cuándo quiere dejar de ser el prisionero de la cárcel, su propio cuerpo?

Cuando las lágrimas ni los gritos alivian sus penas, cuando el sol no alumbra sus senderos. Cuando la música, las artes, las ciencias y todas aquellas banalidades que a veces nos alegran ya no son nada. Son sólo sombras. Sombras que caminan a su alrededor, que lo pisotean, apoderándose de la vulnerabilidad que lo aqueja.¿Cuánto tiempo más ha de soportar todo su dolor, toda su angustia, que nadie comprende? Que le trunca todo sueño, todo lo que ama y desea hacer.
El rumor de las calles, la gente "normal", con sus celulares y demás artilugios de la modernidad, que vive, hace y deshace, tendrán ellos también un alma que sufre silentemente, y que es acallado constantemente?
Pues bien, yo no puedo acallar al mío. Reclama soberanía, esa que tuvo y un buen día perdió.

No sé si esto sea un desvarío de una estúpida lunática, poco me interesa. Es sólo un intento más de esta cuasi persona, que ojalá algún día pueda cumplir sus metas y ser alguien, rogando no ser devorada por sus propios demonios.

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